Facturar en el aeropuerto.

Es ese proceso que tan poco nos molesta cuando nos vamos de vacaciones, y que tanto nos desespera a la vuelta, por el cual nos dirigimos a un mostrador donde depositamos nuestro equipaje, nuestro documento de identidad y un código con la reserva de nuestro vuelo (también nuestra tarjeta de frecuent flyer). A cambio nos dan una tarjeta de embarque dónde figuran los datos del vuelo, el origen y el destino, la hora y la puerta de embarque, el número de billete, el número de asiento en el que viajaremos, el nombre de la compañía aérea, la clase en la que viajamos, y nuestro estatus de viajero si lo tenemos. Estamos suponiendo que nos vamos de vacaciones y no viajamos solo con equipaje de mano. De lo contrario, podríamos hacer todo lo anterior en nuestra casa y nos ahorraríamos la cola, el exceso de equipaje y los golpes en los pies de las maletas de los que están detrás nuestro, también ansiosos por obtener cuanto antes ese documento de entrada al avión. De todos modos, es muy recomendable comprobar en casa que todo está en orden para no llevarnos sorpresas. Confirmar el vuelo telefónicamente, es una práctica ya olvidada. Ahora tenemos el localizador del vuelo (combinación de 6 números y letras), y nuestro nombre y apellidos, y con eso podemos entrar en la página web de la compañía aérea y comprobar el estado de nuestra reserva, asignar asientos, y ver que todo está en orden para evitar sorpresas en el aeropuerto. Y, sobre todo, el día del vuelo, asegurarnos de que llevamos la documentación obligatoria para poder viajar, como pasaporte o DNI. Yo recomiendo siempre llevar el pasaporte, aunque viajemos a un país dónde no sea necesario, y os explicaré por qué: ¿Os acordáis de la erupción volcánica que colapso todo el tráfico aéreo europeo? Ante una situación de ese tipo, podemos vernos obligados a tomar un vuelo alternativo que vaya a un país dónde si necesitemos pasaporte. O imaginaros que el destino es un desastre, y decidís cambiar a otro. Si hemos cumplido con todo lo anterior, el embarque no tiene que suponer ningún inconveniente, salvo que nos hayamos pasado con el equipaje que vamos a facturar. Esto suele pasar más a la vuelta que a la ida, pero casos he visto, y no pocos. Es muy conveniente conocer de antemano cuantos kg de equipaje podemos facturar, porque el exceso no es precisamente barato, y tener que abrir la maleta para quitar cosas que luego tendremos que llevar encima, no es nada agradable. El número de kilos, depende de: – La compañía aérea. – La clase en la que viajemos. – La tarifa del billete. Y – Nuestro estatus de cliente en la compañía.  Los viajeros frecuentes, conocen perfectamente las políticas de equipajes de su compañía habitual, y si esta es de una alianza, se admite la política de la compañía de origen en cualquiera de las otras. Si no somos habituales de la aerolínea, mejor informarse detenidamente antes, y ojo al comprar el billete, porque algunas clases de tarifa no admiten equipaje. Es bastante habitual en época de vacaciones (no solo), ver todos los mostradores de facturación con largas colas, salvo los destinados a los pasajeros que viajan en business o first class. O aquellos que son viajeros frecuentes, ya que es uno de los privilegios asociados a casi todos los niveles de tarjeta, menos el básico. En la facturación, o somos habituales o viajamos en clase superior, o nos tocará hacer cola. Hay algunas tarjetas de crédito que facilitan a su poseedor el nivel superior al básico como cliente, y con eso también podríamos acudir a los mostradores de business class, aunque al final todo se reduce a tener ese estatus y la forma de obtenerlo. Si hemos tenido suerte y por un motivo u otro hemos resuelto este trámite rápido, ya solo nos queda acercarnos a la aduana (si viajamos al extranjero, claro), y luego al control de equipajes.  ]]>

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